AUTOESTIMA

Es una palabra que todos conocen pero pocos poseen. Es triste ver como gran porcentaje de los jóvenes lidian con problemas de autoconfianza y amor propio. Siento que la tuve fácil, en comparación con otras personas. De hecho, las pocas veces que dije en voz alta todo esto, recibía respuestas como: “pero si no tienes nada de malo” o “¿por qué te sientes así?” Bueno, lo mismo me preguntaba yo todos los días.
Mis inseguridades empezaron a los once años. Y sí, ¿qué puede pensar una niña a tan corta edad sobre su apariencia? Por tonto que sonara, mis amigas en ese entonces eran bellísimas, con cuerpos voluptuosos y muchos pretendientes detrás de ellas. Yo, en cambio, ni siquiera me había desarrollado completamente. No puedo decir que recibí malos tratos o que se burlaban de mí, porque nunca fue así. Mi mayor agresor fue mi mente y mis pensamientos.
Empecemos por la ropa: a esa edad mi mamá seguía escogiendo qué ponerme y siempre buscaba cosas apropiadas para mi edad. Obviamente en ese entonces no lo entendía, pues mis compañeras usaban otro tipo de prendas, que aunque no eran provocativas, si les hacían ver un poco mayor. (No estoy juzgando la vestimenta de nadie ni mucho menos la crianza que les brindó su familia).
No solo eso, sino mi cabello. Odiaba ser negra, odiaba el que mi cabello no pudiera ser igual de liso y largo que el de mis amigas, odiaba verme al espejo y no ser quien quería ser. Incluso, cuando veía que los niños elogiaban a las demás y no a mí, me guiaba a decirme que no era atractiva, que nunca iba a poder recibir esa atención que otras tenían.
Esos pensamientos me persiguieron en silencio durante seis años de mi vida, atormentándome cada día y auto-lesionándome por no ser “suficientemente” algo. Hasta hubo una etapa en la cual no podía salir sin maquillaje de mi casa porque no quería que los demás vieran lo “fea” que era sin él. No me atrevía a usar cierta ropa porque no iba con mi cuerpo y no me veía como las demás. Me preguntaba ¿por qué no tengo novio? ¿No atraigo a nadie?
No fue hasta que decidí dejar de tratar mi cabello químicamente que un cambio real surgió. Esos últimos dos años en mi vida fueron un génesis. No tenía que pretender ser alguien más, ni tener el cabello de cierta manera para encajar, vestir de otra para “resaltar” o ser blanca para ser “hermosa”. Solo debía ser yo misma, con mis virtudes y defectos, aceptar que si de esa manera vine al mundo, debía empezar a amarlo, sin importar los estereotipos.
No me arrepiento de ninguna decisión, porque cada una me trajo a donde estoy hoy día. Sería mentira si digo que ya no tengo esos pensamientos, pero lo que antes era mi diario vivir, ahora son episodios cortos que, con fuerza de voluntad, logro disipar de mi mente.
Soy suficientemente todo, igual que tú y que todo el mundo. Nunca dejes que nadie te haga sentir lo contrario, ni siquiera tú mismo.

Comentarios