¿Una mala experiencia?
Hace unas semanas fui al Tribunal Electoral (sede de Ancón), pues debía ir a hacer el trámite de cedulación. La estructura está preciosa, aunque no puedo decir cosas buenas de la atención que recibí.
No voy a generalizar porque en la caja la joven fue muy cordial y en ningún momento me atendió con grosería, pero si tan solo todos fueran así. La misma me dijo que debía ir a las sillas detrás de mí, que allí era el área de fotografía, donde te toman la foto y escribes tu firma. En fin, yo me senté expectante a que llamaran mi nombre o dijeran “siguiente”, pero me quedé esperando.
Una señora se me acerca para preguntarme cómo era la logística; no supe qué responder, estaba igual de desorientada que ella. Ella -quizá algo más “viva” que yo- se acercó a un cubículo, preguntó si podía pasar y entró. Allí empecé a inquietarme.
Mi papá, quién me acompañaba ese día, también le pareció extraño, por lo que preguntó en uno de los cubículos, donde sin pena le dijeron “usted llega y si esta vacío entra”.
Quizá fue mi error no preguntar desde un principio, pero estamos hablando de una institución pública, no es posible que no haya una organización. Es más, si nadie tiene la iniciativa, diré algunas formas:
1.Llamar mediante el nombre de la persona (lo más simple y rápido).
2.Coger un tiquete numerado.
3.SALIR de sus puesto de trabajo y AMABLEMENTE preguntar “¿quién sigue?”.
Como es posible que, una ente del gobierno, a la cual asisten muchas personas todos los días, carezca de una buena atención y organización. Da pena que hasta en un restaurante de comida rápida haya más orden.
Todos sabemos que no es la primera vez que vamos a una institución del gobierno y salimos decepcionados de el trato y mecanismos. Necesitamos una voz, hacer más que vivir conformados con algo que ya parece ser “normal” en todos lados. Lo normal debería ser salir bien atendido y satisfecho, con ganas de volver en caso tal sea necesario, porque seamos honestos, lo hacemos pues estamos obligados a ello.
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