¡NO MÁS!
Hoy, mientras esperaba el pedido en uno de estos lugares de comida rápida, se le acercó un niño a mi mamá y mi abuelo, ofreciéndoles una pulsera personalizada a dos dólares. Al yo regresar a la mesa, decidí pedir una. Yo no suelo comprar ese tipo de pulseras, pero la expresión de él hizo que cambiara de opinión. Le indiqué de qué color la quería y procedió a grabar mi nombre en la placa que traía el brazalete. Mi mama le preguntó que dónde había aprendido a hacer eso y orgulloso respondió que practicó bastante hasta mejorar. Al entregarmela, me la puso en la muñeca, selló el broche y lo único que pude hacer fue sonreírle. Una cosa era cierta, la caligrafía no era perfecta, aparte que mi nombre es algo largo, pero el hecho de que aquel niño de solo doce años la haya hecho, juro que me ablandó el corazón y me iluminó el rostro. Al final toda mi familia le agradeció y le vimos con una sonrisa mientras se alejaba. Desconozco las razones del niño para estar en las calles vendiendo: h...